No cabe duda de que la protagonista de todo lo que se publica, se oye, se lee, se ve, se comenta, se sufre, se pierde -y se gana- en los últimos meses, es la crisis económica.
Todos conocen a alguien que ha perdido su trabajo, o que tiene un familiar en estas circunstancias.
Muchos recorren de memoria el viacrucis de la búsqueda de empleo: restaurantes, centros comerciales, ett, oficinas municipales de empleo, send send send como loco para hacer llegar el currículum a cualquier esquina recóndita que cuelgue el cartel blanco de "se busca....razón aquí".
Pero son menos los que de verdad se aprietan el cinturón y se convencen de que no verán las gambas más que en los anuncios del Corte Inglés o de que no probarán la Wii más que en la casa del amigo afortunado. Menos aún los que se cuentan entre los 'taitantos' que otrora encarnaran tantas generaciones con nombre de proyecto de laboratorio: la 'x', la 'y', los 'yuppies', los 'jasp', los del baby boom del pasado y el 'baby qué' del presente.
Y es que la crisis, esta crisis, no es país para viejos, como dirían los oscarizados 'Cohen' -ahí va otra sugerencia de gentilicio generacional -, sino territorio abonado para los más jóvenes.
Esos que no hemos conocido la ley del ahorro más allá del viaje de turno o el fin de semana memorable. Todos aquellos a los que la letra de la hipoteca, el plan de pensiones o lo de pagar a tocateja nos suena aún a leyenda urbana. Y no por falta de ganas, precisamente, sino de oportunidades. Oportunidades de arrimar el hombro, de hacernos cargo de que vienen años de pasarlas canutas y de que se acabó el chollo del plástico de banda magnética e intereses en el banco.
Mucho me temo que somos precisamente nosotros, estas 'ratillas de laboratorio', las que vamos a vernos en el meollo del ensayo clínico de 'error/¿acierto?' de estas soluciones anti-crisis del todo a cien.
Sí, del todo a cien: cien euros, ciena años para pagar lo que te prestan; cien becas, cien millones de solicitantes; cien ofertas de empleo, 'ciento y la madre' en las dinámicas de grupo; cien millones a los bancos e inmobiliarias; cien mil bombardeos publicitarios de lo bueno que es que los demás nos gastemos lo poco que queda en consumir, no vaya a ser que venga abajo la economía sin las ayudas 'públicas' -de los mendas, vamos-.
Aprovecho este chorreo mental, pataleta virtual si lo prefieren, para lanzar un SOS a los de la ceja, la bandera nacionalista, la estrambótica radiofónica mañanera y su partner nocturno-televisivo;para los que se dedican a viajar por medio mundo y parte de las fosas ya caducas de una historia que se empeñan en re-memoriar, que no recordar y que a nadie beneficia más que a quien ostentan las medallas, los títulos honorarios y los doctoris causa honorífica del pelotilleo de rancio abolengo.
Acudir a las prejubilaciones, EREs, deslocalizaciones, ayudas sociales sin ton ni son, tours diplomáticos sinsentido más allá del autobombo o ministerios inútiles que se reproducen por doquierno ayudan, sino que lastran. Más incluso si se tiene en cuenta que todas las iluminaciones antyi-recesión a las que asistimos cada día no son más que parches caducos: muy bien las bombillas verdes, pero sería más útil abaratar los transportes públicos y mejorar las conexiones para motivar al currito a usarlos y no tirar de coche. Estupenda la promoción de vivienda joven, mejor aún si se recordara que un mileurista somos todos y que es una utopía primero acceder a los sorteos, cumplir los requisitos y con los pagos: señores, un alquiler de 700 euros por 34 metros cuadrados no es un chollo, es una necesidad creada....Y así, colorín colorado...pero sin perdices, sino conejo, que por estas fechas es lo más...¿apetecible?
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